Leyenda mexicana de Clarisa

Leyenda mexicana de Clarisa

Cuentan que una noche lluviosa, mientras Filiberto caminaba por las calles vacías del pueblo, vio a una mujer indígena de cabellos dorados, quien lo volteó a mirar regalándole una sonrisa.

No están para saberlo, ni yo para contarlo, pero a aquel pobre hombre se le había muerto su esposa hacía exactamente un año. En ese tiempo, nunca tuvo ojos para otra mujer. Vestía siempre de negro y por las madrugadas le gustaba recorrer los lugares por donde había paseado con su esposa.

Sin embargo, aquel día el deseo de seguir mirando a esa mujer, lo impulsó a seguirla. Mientras tanto la dama de vez en cuando lo volteaba a ver, como invitándolo a caminar tras ella.

En el justo instante en el que Filiberto le dio alcance, pudo notar enseguida que la mujer era el fantasma de su difunta esposa.

– Clarisa, Clarisa has vuelto al fin. Dijo el hombre con un tono de emoción indescriptible.

– No Beto, te equivocas. No he venido a verte a ti, ni he regresado a este mundo para quedarme. Sólo volví para preguntarte ¿por qué has abandonado a nuestros hijos?

– Es que sin ti, no tengo ganas de seguir viviendo. Nada de lo que ocurra en este planeta me interesa.

– Estás muy equivocado Filiberto, si me amaras como dices, velarías por nuestros pequeños y te preocuparías por tu salud. Estás muy desmejorado. Recuerda que una parte de mí vive en ellos y siempre estaré ahí para cuidarlos.

– Te juro que de ahora en adelante las cosas serán diferentes y que cada vez que me acuerde de ti Clarisa, no lloraré, sino que recordaré esta plática.

Leyendas mexicanas como esta, nos ofrecen entrelíneas un mensaje positivo. Cuando un ser querido se va, no necesariamente nos abandona, ya que muchas veces es parte de lo que somos o por lo menos se mantiene vivo en nuestros recuerdos.

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