Leyenda corta del serafín de Agatha

Leyenda corta del serafín de Agatha

Agatha era una niña con una considerable imaginación. Le gustaba tomar su cuaderno en cuadrícula grande y ponerse a escribir leyendas cortas. Su mamá le permitía llevar a cabo esa actividad, ya que eso hacía que la chiquilla siempre estuviera feliz.

Asiduamente Agatha le platicaba a su madre las tramas de las diferentes leyendas cortas que plasmaba en papel. Algunas hablaban de los animales del bosque, otras sobre seres fantásticos que venían de planetas distantes etcétera.

No obstante, la historia que más se repetía era una serie de aventuras que ella emprendía con un angelito de su misma estatura al cual todavía no le había asignado un nombre.

Agatha se quedaba a partir de las tres de la tarde sola en su casa, pues su mamá tenía que ir a trabajar y no había ningún pariente con el que la niña se pudiera quedar. Eso sí, su progenitora le había preparado una lista completísima que contenía todos y cada uno de los números de emergencia de la ciudad, en caso de que surgiera una eventualidad.

Desgraciadamente una tarde en la que cayó una lluvia torrencial, los rayos de aquella tormenta ocasionaron que el cableado eléctricode la casa de la pequeña tuviera una avería y con ello empezara un terrible incendio.

La madre de Agatha venía de regreso a su casa, cuando escuchó en el camión en donde viajaba que su vecindario estaba siendo evacuado por el departamento de bomberos. Agitadamente se bajó del transporte y vio como el primer piso de su domicilio ardía sin control.

Lo que más le preocupó es que en una de las ventanas se veía a su hija pidiendo auxilio. La señora quiso entrar a salvarla, aunque los bomberos le bloquearon el paso.

Instantes después la mujer vio como el techo de la vivienda colapsaba. Increíblemente, instantes después de eso, observó cómo Agatha venía bajando las escaleras acompañada de un resplandor casi celestial.

– ¡Hija mía! ¿Cómo llegaste hasta aquí?

– Estaba asustada mamá, pero mi amigo Serafín me acompañó.

Al escuchar eso, la mujer comprendió que el compañero imaginario de su pequeña era su ángel de la guarda.

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